domingo, 22 de agosto de 2010
José Saramago: La democracia se suicida
José Saramago (1922-2010)
Podemos escoger nuestros representantes, elegirlos, hay representación democrática, todo funciona dentro del sistema, de sus condicionamientos, pero la verdad es que nuestra capacidad de cambiar los destinos del país y del mundo está limitada por la propia organización democrática. El poder efectivo real es, a buen seguro, el poder económico.
Es una plutocracia. Y el poder económico no es democrático, lo que es la gran contradicción del sistema. Nos dicen: «sois ciudadanos de pleno derecho, la democracia es el poder del pueblo, por el pueblo y para el pueblo», pero se trata de una retórica un poco fatigante, porque los destinos del mundo son conducidos por unas cuantas multinacionales, cuyos consejos de administración no se presentan al electorado.
Vivimos en una esquizofrenia sistemática en que se habla de la democracia en las páginas de los periódicos, un poco por todas partes, pero la realidad es que, a pesar de que podamos elegir nuestros gobiernos, no llegamos ni más alto ni más lejos, porque los gobernantes son comisarios políticos del poder económico. No me canso de repetirlo.
Vivimos en un mundo en que todo se debate, de la tercera edad a la ecología, en mesas redondas, coloquios, simposios, millones de personas se reúnen para discutir, pero la democracia no se debate, como si fuera algo prácticamente intocable. Me parece más que absurdo que así sea.
Ella está aquí, hay que aceptarla, lo que no nos impide criticar, observar, analizar. Aristóteles decía que, en el sistema democrático, los pobres deberían estar en el gobierno de la polis , lo que no significa que los ricos no estuvieran representados. En esa democracia gobernada por los pobres, se sabe que son los ricos que conducen la política: la banca, las grandes multinacionales. Vivimos en un tiempo en que el empleo alcanzó un grado de inestabilidad extrema. Ningún gobierno mentalmente decidiría que el empleo no fuera permanente. Es el poder económico que lo decide. O sea, el poder no democrático gobierna la democracia.
Cuando hablamos de la Humanidad, parece que estamos refiriéndonos a una abstracción. Están ahí, los individuos, pero ¿quiénes son ellos, quiénes somos nosotros? Las grandes masas están subyugadas, ya no digo por un poder ideológico, sino por un fenómeno de globalización económica, que se transformó en una globalización política".
Texto extraído de: Saramago, opiniones
domingo, 1 de agosto de 2010
PRESENTACIÓN DE "NINA Y LA CASA ABANDONADA" *
Por: Elmer Arana Mesías
Antes de iniciar con la presentación de la novela "Nina y la casa abandonada" de Ricardo Virhuez, quiero manifestarles que mi intervención como presentador se centrará, no tanto en puntualizar los aspectos técnicos de la novela Nina y la casa abandonada pertinentes a la crítica literaria, sino en enfatizar la utilidad pedagógica que pueda generar.
1. Cómo llegué a conocer la obra Nina y la casa abandonada
Los alumnos (colegiales) en general hablan mucho. Y tal vez cuando hablan en demasía y el aula se torna en un diálogo desbordante, uno suele tener la idea de que sus estudiantes de comunicación (lenguaje y literatura) tienen mucho potencial que explorar; sin embargo cuando llega el momento de presentarles un texto escrito y el profesor crea un ambiente propicio y harta expectativa, es desmoralizante comprobar –muchas veces– que la expectativa se va tornando en silencio, el silencio en desánimo, el desánimo en cansancio y este, finalmente en abandono. Entonces el estudiante asume la lectura ya no como un encuentro placentero con el otro (narrador) que dice o te cuenta algo, sino –asumiendo la postura del escolar– como un enfrentamiento claro con un señor que inventa un lenguaje inaccesible para su entendimiento.
Qué le queda al profesor, entonces. Acompañar la lectura, parafrasear los pasajes más complejos para acercar el lenguaje del autor al del lector. Y en este trajín terminamos narrando las historias y el fin principal que era desarrollar la capacidad lectora termina trastocándose en comprensión -ya no escrita- sino oral.
Ahí la tarea difícil del profesor de Comunicación: seleccionar textos –en este caso literarios– que adecuen el registro lingüístico a un público determinado, en función de sus intereses, edad, etc. manteniendo el equilibrio en el manejo del lenguaje.
Confieso que en ese dilema me encontré con mis alumnos del primer grado de secundaria de la institución educativa estatal donde laboro (Haya de la Torre, Vinchos) que –dicho sea de paso– está ubicada en zona rural y cuya población escolar mayoritariamente es bilingüe.
2. ¿Qué lecturas escoger?
Es así que se me vino a la memoria el título de una novela corta muy amena que ya había tenido ocasión de compartirla con alumnos de grados superiores: “Rumi y el pincullo mágico” de Ricardo Virhuez.
Traté de agenciarme de ejemplares de Rumi… pero para mala suerte mía y buena suerte del autor, ya estaba agotada la edición.
Entonces Ricardo me propone otro título: “Nina y la casa abandonada” y al leer la sumilla: “Nina y la casa abandonada es una novela de suspenso, que hará las delicias de grandes y chicos, inspirada en la leyenda limeña de un fantasma femenino que aterroriza a los choferes en la Variante de Pasamayo”, me vino una interrogante: ¿Estarán mis alumnos, en condición de comprender una novela ambientada en un espacio ajeno a su realidad cotidiana? Casi inconscientemente una voz proveniente de las instancias de gestión educativa, me decía: “profesor, tenemos que ser cuidadosos al asignarle lecturas a nuestros alumnos, estas deben contextualizarse. ¿Cómo van a comprender (los alumnos) textos sobre el mar, las gaviotas si jamás las han conocido?”.
Encogiéndome de hombros decidí asignarles la lectura “Nina y la casa abandonada”. La idea inicial era desarrollar la lectura de la novela en el aula paulatinamente y por secciones. Me ayudaría de medios audiovisuales previos para que los alumnos ubiquen la variante del Pasamayo, el arenal, la neblina brumosa que la cubre, etc.
La primera cita con la obra llegaría dentro de una semana. Y cuando me aprestaba a hacer uso de todo el arsenal pedagógico que había preparado: equipar el aula con los medios audiovisuales, presentarle el glosario respectivo, aplicar el subrayado, el sumillado, el parafraseo, etc.; mis alumnos me interrumpieron manifestando que muchos ya habían concluido la lectura y otros tantos estaban en ese camino.
Eché mis pertrechos al suelo y sorprendido, sumamente incrédulo, comencé a lanzar “disparos” (preguntas) para comprobar que no se trataba de una argucia más a que los estudiantes recurren cuando quieren “distensionarse” (relajarse) sino que efectivamente habían comprendido el contenido de la novela. Y cada uno de mis “disparos” fue neutralizado por una ráfaga de respuestas que sobrepasaban mi propia comprensión literal del texto.
Entonces terminé por aceptar que efectivamente Nina y la casa abandonada había sintonizado con los intereses y expectativas de mis alumnos, a tal punto que inicié a hurgar en las razones:
3. El texto frente a mis alumnos
a. La forma
El tamaño del formato de Nina… permite su portabilidad. El lector lo lleva a donde quiera y lo lee donde pueda: en el aula, en el recreo, en su casa, etc.
El formato de las letras (grandes) hace que el lector le pierda el temor que le causa los libros con letras pequeñas donde no hay espacio ni para sumillar.
b. Una historia atrayente
En la contratapa de la obra figura la sumilla que resume el contenido del texto. Con ello el lector realiza una primera aproximación a lectura que le genera intriga.
El mismo autor manifestaba que si bien en la poesía importa más la forma; en la narrativa lo es el fondo. Una novela, en este caso, debe asegurar una historia atrayente.
Nina y la casa abandonada narra las aventuras fantásticas y terroríficas que le ocurren a una familia en un paseo de fin de semana.
Nina y Daniel obtienen buenas calificaciones en el colegio. Sus padres los premian con un paseo a Huarmey en compañía de sus compadres.
En el trayecto, en la variante de Pasamayo se toparán con el espectro de una monja que los perseguirá hasta descubrir que en los arenales aledaños existe una casa abandonada que antaño fue una iglesia destinada al castigo de niños que eran tomados prisioneros.
Nina, la adolescente, desenredará cada una de los conflictos que embrollan a los visitantes.
c. Adecuación del lenguaje
Un gran obstáculo o facilidad para lograr la comprensión de un texto (una novela en este caso) es la adecuación de la lengua. Si la lengua es la que comunica las ideas, y ella no se adecua al lector, simplemente no hay comunicación efectiva. Por ello es necesario que el autor identifique el público al que dirige su obra.
Nina y la casa… tiene el acierto de conjugar un lenguaje que oscila entre lo coloquial y lo culto: mi padre nos había acusado de ser flojos, holgazanes, cabezas huecas, tontos, burros y un sinfín de deliciosos adjetivos. (p.10).
Donde el manejo literario a nivel discursivo (figuras, tropos) se da sutilmente y es casi imperceptible: mi hermana… era bastante bonita aunque en su cerebro habitase el aire (p. 11).
Seguimos el desvío y enseguida se abrió ante nosotros la imagen del mar inmenso y azul, y las olas que dibujaban sus blancas espumas al reventar suavemente en la arena. (p. 34)
d. El mundo representado
No es cierto que las lecturas siempre deban contextualizarse a nivel del contenido. En el aspecto formal en gran medida si es importante. Pero reducir las lecturas a solo aquellas cuya representación se enmarque en el entorno del estudiante conduciría a un desconocimiento de otras realidades.
¿Quién conoció una ballena directamente o un volcán en erupción? ¿Por qué sabemos que Saturno es un planeta que tiene un sistema de anillos? ¿Alguien ha tenido contacto con un dinosaurio? ¿Cómo sabemos que el núcleo externo de la tierra está en estado líquido y que su temperatura puede superar los 6.700 ºC?
Con estas preguntas sólo quiero sostener que la lectura literaria y la no literaria no sólo deben representar el entorno del estudiante sino que debe ser el vehículo que le permita acceder a otras realidades. Por ello expreso mi discrepancia con algunos docentes que tienden a seleccionar lecturas “acordes a la realidad del estudiante” como si este fuera un ermitaño que no emigrará de su cueva.
Un niño de la sierra puede bien leer historias de la sierra, de la costa o de cualquier otra realidad. De ello depende la adecuación lingüística del texto.
Nina… representa hechos ficcionales que se desarrollan en Pasamayo y Huarmey básicamente.
La fantasía y la realidad se mezclan en esta obra. Pero la fantasía adquiere carácter mítico al sustentarse en la colectividad. Ya que todo un grupo la acepta y la asume verdadera. Las creencias en fantasmas que penan interminablemente hasta que alguien logre concretar algunos deseos que en vida no pudo lograr; como por ejemplo desenterrar objetos valiosos o cumplir con sepultar y dar el responso a quienes fallecieron en circunstancias adversas, son expresiones de imaginario popular presentes en muchas culturas; por ello es que la trama presentada en esta novela donde el espectro de un anciano pide que le ayuden a incendiar una iglesia vetusta donde padeció torturas en su infancia a manos de unas monjas inhumanas, es asumida y aceptada por los lectores. La obra gana en verosimilitud porque se apoya en esas creencias que aún sobreviven.
Un dato a resaltar es que dentro de la confusión y el temor creados por la aparición del fantasma de la monja en la carretera de la variante de Pasamayo, sean los niños y sobre todo Nina los que actúan con mayor lucidez que los adultos. Es Nina quien se explica los hechos en términos casi legendarios y encuentra una lógica que los adultos dentro de su racionalidad no comprenden:
Conozco una leyenda urbana –dijo Nina- dicen que hay una mujer que se presenta a los choferes solitarios. Algunos la recogen en ruta y ella se sienta a su lado. Otros, la dejan en la pista porque presienten el peligro; entonces, la mujer persigue al chofer que no cayó en sus encantos… Al voltear a mirarla, descubre una calavera… el chofer pierde el control… y se va al abismo. (p. 27)
No había rastros del anciano… Recostado contra las piedras, casi cubierto de arena se encontraba el cadáver del viejo Juvencio Tume. Había muerto hace decena de años atrás. Nina no hizo comentarios. Estábamos pensando lo mismo y no era necesario decir nada. El anciano… solo quería una cosa: que le ayudemos a terminar su tarea. (pp. 64-651)
Finalmente cabe decir Nina y la casa abandonada es una obra hecha para leerse de un solo tirón. Está dirigida básicamente a un público escolar pero ello no impide que cualquier lector de cualquier edad pueda acercarse a ella y disfrutar de una historia donde la fantasía y la realidad de entremezclan y te capturan de inicio a fin.
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| Ricardo Virhuez al lado de Luisa Mendoza y Mark Cox antes de la presentación. |
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| Elmer Arana, Federico Altamirano, Mark Cox y Ricardo Virhuez |
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| Intermedio musical durante la presentación de Nina... |
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* Artículo leído en la presentación de la novela "Nina y la casa abandonada" de Ricardo Virhuez Villafane el 16 de junio de 2010 en el auditorio del local Garcilaso de la UNSCH en el marco de la realización del VII Congreso Nacional Lingüístico Literario.
domingo, 13 de junio de 2010
EL COLEGIAL
Yo soy el párvulo colegial,
El niño que escupe furia cuando tiene hambre
Y mea sobre los parques trasnochados.
A mí la vida me debe mucho.
Me debe, por ejemplo, una sonrisa sin sarro.
Me debe un desayuno a la altura de mi orfandad.
Me debe, por ejemplo, una sonrisa sin sarro.
Me debe un desayuno a la altura de mi orfandad.
Yo soy el escolar desharrapado
A quien no deben imitar los niños buenos.
El expatriado de las sillas sin escuela,
El que juega en clases
y transpira melancolía en el recreo.
Tengo un retazo orlado de uniforme,
un puente padre y un padre ausente
Tengo una carpeta en el espejo,
Un cuaderno de 100 vacíos A4,
Unas manos dibujando el espanto
Y unos ojos que de mucho llorar leen.
Si me vieran por las noches tirando de su cartera
Deberán entenderme
A mí la vida me debe un poco de cartera.
Si me vieran agraviando su cerradura
Deberán entenderme
A mí la vida me negó una casa con cerradura.
Si me sorprendieran sobre una muchacha infame
Deberán entenderme
A mí la vida me negó el pecho de mi madre.
Si en cambio vieran sosegada mi pata de cabra
Tendrán que huir azorados
Porque ya no seré el ristrón que con mustios pastos se conforme
Mi orfandad ya no se saciará con carteras ni cerraduras
Mis extensiones de pequeño tirano
Alcanzarán el sol, las calles, los bancos y los descampados.
Claro,
Esto puede cambiar
Aún puedo ser el ristrón de las colinas
Aún puedes acercar a mi boca
Un poco de cartera remojada en caricias,
Y una no escasa ración de escuela.
domingo, 23 de mayo de 2010
CONGRESO NACIONAL LINGÜÍSTO LITERARIO: de vuelta por Ayacucho
La séptima edición del Congreso Nacional Lingüístico Literario (CONALL) vuelve a Ayacucho después de rodar por cinco años hacia diferentes ciudades, tiñéndose de diversos matices y tendencias, estableciendo puentes entre estudiantes, especialistas, docentes y escolares, logrando aciertos y, lógicamente, también desaciertos.
Sin embargo, de a poco se va convirtiendo, desde su aparición en el 2004, en un espacio destinado a la discusión sobre asuntos académicos que se articulan en tres ejes temáticos: literatura, lingüística y pedagogía aplicada a la lengua y la literatura.
¿Por qué juntar a lingüístas, escritores, teóricos literarios y profesores?
Mucho se ha discutido en las interminables jornadas de delegados acerca de la aparente imposibilidad de reunir en un solo congreso a tres campos tan amplios. Los literatos y teóricos literarios exigen un espacio propio -y casi al unísono hacen coro los lingüista- donde se convoque a un auditorio y a expositores “entendidos en la materia” y que tengan la altura intelectual de comprender el intrincado tecnicismo lexical que rodea sus disertaciones. Mientras los profesores y estudiantes de la carrera docente en lengua y literatura entre dientes murmuran que sería mejor que se vallan los especialistas que no se entienden más que entre ellos.
Varias preguntas surgen inmediatamente. ¿Quién le resolverá el problema al profesor de literatura cuando sus alumnos le pregunten por qué el esquema evolutivo de la literatura peruana se ciñe a un modelo histórico y por qué tal vez no se apela a criterios literarios? ¿Por qué se vilipendia la literatura de Jaime Bayly o la de Beto Ortiz y no así tanto la de Reynoso? ¿Por qué el alumno no puede leer subliteratura a pesar que ella también encuentra goce estético? ¿Cómo le explicará el profesor de lengua a sus alumnos que el español andino, del que habla Madeleine Zúñiga, no es una lengua a pesar de ser un sistema con reglas propias y ser funcional? ¿Qué dirá el profesor de lengua al muchacho que le pregunte de por qué la literatura es el nivel superestándar de la lengua si en muchas obras encuentra replanas y hasta vulgarismos? ¿Cómo decirle a un alumno que la literatura mejora la competencia lingüística si de casualidad se encuentra con Monólogo desde las tinieblas de Gálvez Ronceros o Tayta Serapio de Sócrates Zuzunaga? ¿Por qué muchos lingüistas y teóricos literarios no pueden transmitir sus conocimientos? ¿Tendrá validez tanta teoría que no pueda aplicarse? Estas preguntas, adrede simplonas, nos deben llevar a reflexionar acerca de la necesidad de la interdisciplinariedad. De la necesidad de reunir a la mayor cantidad posible de especialistas de diferentes áreas con la finalidad de analizar, comprender y solucionar temas que siguen generando discusión. Por ello es que el CONALL asumió el derrotero de congregar a escritores, lingüistas, críticos literarios, docentes y estudiantes para establecer un diálogo interdisciplinario del que salgan mutuamente beneficiados y enriquecidos.
Historial del Conall
El CONALL se inició el 2004 en la ciudad universitaria de la San Luis Gonzaga de Ica (UNICA) con el entusiasmo y la tenacidad de un grupo de jóvenes reunidos en torno al Movimiento Literario Conde Plebeyo. Sus primeros presidentes fueron Javier Flores Sucapuca (presidente) y Magaly Salazar Ascona (como presidenta de Conde Plebeyo). En esta primera edición se rindió homenaje a Oswaldo Reynoso Díaz bajo el lema ¿Por qué leer? Allí se tuvo la confluencia de cerca de 600 estudiantes de diferentes universidades e Institutos Superiores del Perú: San Cristóbal de Huamanga, San Agustín de Arequipa, San Marcos de Lima, Federico Villarreal de Lima, José Faustino Sánchez de Huacho, San Antonio Abad del Cusco, Universidad del Centro de Huancayo, ISP Nuestra Señora de Lourdes de Ayacucho, Universidad Pedro Ruiz Gallo de Lambayeque, Universidad Nacional de Piura, entre otras. Acogió a muchos intelectuales y escritores como Javier Badillo Bramón, Otto Valladares Rodríguez, Jorge Esquivel Villafana, Marco Martos, Ricardo Virhuez, Arturo Corcuera, Oswaldo Reynoso, Marcial Molina, entre otros.
II CONAL en Ayacucho 2005. Arriba: delegación de U. Centro de Huancayo. Abajo delegados asistentes.
II CONALL Ayacucho 2005: Danzas en la Noches Culturales
II CONALL. Genaro Ledesma
II CONAL. Luis Miranda Esquerre
II CONALL-Ayacucho. Javier Flores, presidente del I CONALL con la caja de las chocotejas.

Elmer Arana (Presidente del II CONALL) y Yan Carlos Gavilán (actual presidente del VII CONALL)
Asistentes al II CONALL-Ayacucho en el Cine Cavero.
El III CONALL “Alfredo Torero” se desarrolló en Huacho. Lo organizó la Universidad José Faustino Sánchez Carrión. Estuvo presidido por Edson Miguel Dávila Ronceros. Entre los organizadores figuran Elvin Acosta Quispe, Roberto Carlos Grados Muñoz, Karen Meller Rosales Ramirez, etc. Acogió alrededor de 900 estudiantes de universidades e institutos. Entre los ponentes figuran: Arturo Corcuera, Cronwell Jara, Oswaldo Reynoso, Federico Altamirano, Víctor Tenorio García.
Afiche del V CONALL-Lambayeque, 2008.
La sexta versión se desarrolló en la Universidad Nacional del Santa de Chimbote. Estuvo presidida por Yeralín Chunque Zamora. En esta ocasión el homenaje recayó en Carlos Eduardo Zavaleta. Entre los ponentes figuraron Arturo Corcuera, Luis Miranda, Saniel Lozano Alvarado, Danilo Sánchez Lihón, Gonzalo Espino Relucé, Jairo Valqui, Mari Isabel La Rosa, Gustavo Solís Fonseca, Macedonio Villafán, Cronwel Jorge Jara Jiménez, Elmer Arana Mesías, Doris Moromisato, Nila Vigil, Wilfredo Gonzales Flores, Roberto Reyes Tarazona, Oswaldo Reynoso, Evelyn Chauca Girón, Ricardo Ayllón, Javier Garvich, Ricardo Virhuez, John López Morales, Ítalo Morales, Gloria Díaz Azalde, Denis Vega Farfán, entre otros.
VI CONALL-Chimbote. Homenaje a Carlos Eduardo Zavaleta.
jueves, 20 de mayo de 2010
estación de ecos
(Gloria Dávila Espinoza, Huánuco) *
* Gloria Dávila ha publicado su último poemario Danza de la noche en homenaje a César Vallejo. Sí, en homenaje al Cholo, como una especie de ofrenda para acallar a quienes creen que la vigencia de Vallejo va perdiendo peso conforme la poesía peruana va transitando por nuevos senderos.
A saber del poema Estación de ecos, Gloria Dávila, ha estructurado un lenguaje poético propio que si bien ve en Vallejo a su humus inspirador, no se muestra una influencia a nivel formal. Es como si sentada sobre su lápida el eco vallejiano poseyera su alma (la del hablante lírico) para generar otro yo, nuevas angustias, nuevos sinsabores, nuevos sabores a "tierra y gusanos".
Es que Vallejo posee ese poder. El poder que la letra profunda no pierde: de seguir causando dolor aún después del dolor. Y esto me trae a la memoria una frase que Basadre escribió en Equivocaciones sobre el autor de Trilce: Vallejo es aún joven y vive en París.
Esperemos que esta nueva entrega llegue por estos lares donde hay muchos vallejianos. Y si esa entrega viene acompañado de una declamación de Gloria, mejor.
oigo tu eco, perderse: en lóbregas noches de hondos senderos, destilando el fondo de mis memorias, como si la nada al borde de mis pasos y caminos, estrechase sus vientos y deshiciera en lenguas extrañas; toda mi historia.
perderse en danzantes molinos, tejiendo angustias que me arrancan la piel y de tanto más no poder, echa raíces en olas del desierto iracundo que hoy esgrime los ojos de un búho; en el que habito en pútridas mortajas, perderse, destilando el fondo de mis pecados ocultos, comulgado a ojos testados de orfandades y confusas filosofías, en páginas antiguas de dinastías lejanas, rasgando mis pasos en vagones en el umbral de la huella del último tren en parís.
yace la vieja tarde, intentando erigirse en mi nombre, dibujando mi norte, lamiendo sus llagas de loba herida, expulsando infiernos, al rayar la moneda de pretéritos tiempos parloteando con mi hambre; en cuyos pasos se alargan mis angustias, al verme consumada a su cal de ríos y punas, hechizando; minuto a minuto, nuevas acechanzas que devoran mis ojos suplicantes.
allí sentada en tu piedra, oigo el eco de tu vieja tarde, confluyendo al vacío fractal, de tus versos, que cincelan mi estertor, devolviéndome a las olas que transida de odios misales, esperan por mí en lancetas de alacranes; mientras el sur me asfixia en tortuosos soliloquios que juegan con mis voces; soy apenas, la última estación de labios extraños, volviendo a lamer su tierra y gusanos.
Imágenes extraídas de http://gloria-davila.espacioblog.com
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En: Danza de la noche: 2010, Arteidea Editores.
A saber del poema Estación de ecos, Gloria Dávila, ha estructurado un lenguaje poético propio que si bien ve en Vallejo a su humus inspirador, no se muestra una influencia a nivel formal. Es como si sentada sobre su lápida el eco vallejiano poseyera su alma (la del hablante lírico) para generar otro yo, nuevas angustias, nuevos sinsabores, nuevos sabores a "tierra y gusanos".
Es que Vallejo posee ese poder. El poder que la letra profunda no pierde: de seguir causando dolor aún después del dolor. Y esto me trae a la memoria una frase que Basadre escribió en Equivocaciones sobre el autor de Trilce: Vallejo es aún joven y vive en París.
Esperemos que esta nueva entrega llegue por estos lares donde hay muchos vallejianos. Y si esa entrega viene acompañado de una declamación de Gloria, mejor.
¿QUÉ ES LA VIDA?
( Isella Carrera Lamadrid, Piura)
Lluvia, hojas, sonrisas,
recuerdos, una pared, jueves inhóstipos,
una lágrima...
palabras, heridas, un corazón roto,
ilusiones, adioses, un silencio,
una lágrima...
otra ciudad, unos besos, sus cabellos,
cien canciones, el invierno, el tiempo,
una lágrima...
las calles, la ausencia de tus manos, siete libros,
muchas lunas, mil estrellas, un verano,
una lágrima...
una noticia, un latido, el bosque,
tu aliento, el aeropuerto, y otra lágrima.
¿Qué es la vida?
La vida es cualquier cosa, acompañada de una lágrima.
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En: Detrás de este cielo: 2009, Hipocampo Editores SAC, Lima-Perú.
"Es la alegría de la poesía. No hay nada más difícil que escribir poemas de amor y nada más tentador que hacerlo y publicarlo. Una experiencia que Isella nos regala con su emoción cargada de ternura y de tristezas, es decir, de puro amor, de loco amor, de jodido amor." (Ricardo Virhuez Villafane)
FUNERAL
No merezco nada.
Ya he muerto.
Sin funerales,
Sin viuda,
Sin responso.
No temo nada
Porque nada tengo.
El dolor ha muerto.
Te susurro desde aquí,
En el fuego donde me incendio.
Ya he muerto.
Sin funerales,
Sin viuda,
Sin responso.
No temo nada
Porque nada tengo.
El dolor ha muerto.
Te susurro desde aquí,
En el fuego donde me incendio.
BUSCANDO OTRA VIDA EN EL MAR
Recuerdo que caminabas presuroso y tu rostro sudaba frío. Cruzaste la avenida sin mirarme siquiera y te perdiste en medio de la noche con la luna sobre tu testa. No sabías lo que hacías, pero lo hiciste: tus manos te delataron. El rojo púrpura estaba en tus manos asesinas. Cruzaste el río seco lleno de un temor glacial, de pronto unos pasos acelerados tras de ti te detuvieron. Tu ojo se detuvo barriendo el lugar: no había nadie. ¿Sería acaso la conciencia, que a todo criminal traiciona, la que te acechaba? Pero el ruido siguió latiendo como un corazón asustado. Aceleraste la marcha y al final del Río Seco te detuviste bruscamente, diste vuelta y ante ti, un perro lánguido miraba tus trastos. “Sólo un perro”, dijiste, “¡qué alivio!”. Se te acercó blandiendo la cola y se puso a observarte. Tu sudor cesó y tu espanto también. Acariciaste su lomo huesudo y seguiste tu rumbo. Tus ojos adquirieron la nictalopía del búho y el alcance del águila; a cada vuelta mirabas sangre esparcida, verde persecutor.
“AYER A LAS ONCE DE LA NOCHE UN SICARIO ASESINÓ A SANGRE FRÍA AL CORONEL EJÉRCITO PERUANO EN RETIRO, JUAN SALINAS. SE DESCONOCE EL PARADERO DEL CRIMINAL, PERO LAS FUERZAS DEL ORDEN ESTÁN TRAS SUS PASOS”
Y tú esperabas la presunción. A veces me sorprende tu ingenuidad. Aquella noticia te paralizó el cerebro. La imagen del Coronel te invadió, ese rostro violáceo, rogando perdón.
Tus noches se convirtieron en pesadillas y tus pesadillas en terribles realidades. El ánima comenzó a hacer ronda por el caserón exigiendo castigo para ti.
El coronel nunca más te dejó en paz. ¿Recuerdas cuando de noche llegaste a ese cuarto? Él sirvió la cena, comió contigo y se acompañaron toda la noche.
¡Ay Angel, cuándo fue que enloqueciste! No debiste matarlo. ¡Qué impulso asesino te guió hasta el mundanal prostíbulo donde se desfogaba?
Lo habías seguido, sabías a qué hora dormía, con quien caminaba, cuando descansaba, dónde trabajaba, sabías hasta dónde cagaba.
Cogiste el revólver calibre 44 que te obsequió el negro Farfán: “vamos muchacho, hazte hombre”. Te pusiste el pasamontañas que te prestó la mujer del finado Pantoja. Sacaste las llaves del vetusto Toyota del ciego Sánchez y enrumbaste envuelto en un tremedal de voces que te decían: venganza, venganza por Lidia, por Américo, por mamá y papá. Pisaste el acelerador del carro y el letrero de “taxi” encendió su luz.
Te detuviste frente al Bar Negro. Su luz roja parpadeaba en la puerta. Escrutaste el lugar. Dentro, el coronel Salinas, “Leopardo”, acariciaba las piernas de una puta y besaba las mofletudas tetas de otra. Estaba totalmente borracho.
Dos horas después que llegaras, Angel, se despidió de sus amigos. Conocías sus hábitos: acostumbraba tomar el taxi una cuadra después para evitar robos y secuestros. Lo esperaste una cuadra después. Hizo el pare tal como lo planeaste. Sus ojos de tomatillo se perdían en la inmensidad de sus tragos. “A la calle 15 de Prado”, dijo. “A la calle 15 del infierno”, pensaste. Nunca había sucumbido ante las puñaladas del alcohol, pero esa vez lo hizo, quizá acribillado por el peso de los años, sucumbió a un ronquido que te trajo a la memoria a papito Efraín; pero no era momento de insulsas nostalgias. “Asesino de mierda”.
Despertó en un lugar apartado de la ciudad, cubierto de pajarobobos y cañabravas: en el Río Seco. Al fondo, el retumbar de las olas daba al lugar un aire tenebroso. “¡Qué hago acá!”, gritó el coronel. “Tranquilo… Leo”, deslizaste un susurro irónico a sus oídos. “Cholo conche…”, gritó Salinas buscando el arma de entre su saco. “Alto Leo… por que la prisa”, lo encañonaste firmemente. Viste como sus ojos de tomatillo se agrandaban y su semblante ebrio adquiría una sobriedad repentina.
Como un angora que juega con su ratón, conversaron largo y tendido por espacio de tres horas.
“¿Quieres que te cuente una historia mía, Leo?” musitaste a su oído…
Eran casi las 3 de la madrugada. Mi padre estaba sobresaltado, caminaba de aquí para allá, mirándonos a mí y a Américo. Nos consolaba y acariciaba nuestros cabellos. Mamá empaquetaba todos los retratos y ropas viejas. Nadie durmió aquella noche de estruendos y bombardas como hoy, día de San Pedro Pescador. Tenía apenas cinco años, era el menor. Nunca comprendí porqué nos buscaban, porqué habíamos dejado atrás nuestros cerros y pastizales, porqué estábamos en medio del campo rodeado de platanales e higueras, porqué huíamos de todo ser verde. Y pasó. Rodil comenzó a ladrar desesperadamente. El viejo portón de guayaquil que daba a la calle cayó al suelo, la puerta del cuarto fue derribada de una puntapié. Mamá, Papá, Lidia y Américo lagrimeaban: era como una despedida sin palabras. Un sinnúmero de botas cubrió el cuarto. Una voz militar ordenó que todos nos tirásemos al suelo bocabajo, pasando la linterna por cada uno. “Donde está Efraín Mendoza” ordenó la voz y papá fue arrastrado hasta la puerta en un mar de sentimientos encontrado. Gritaba, lloraba, pateaba el aire: lo vendaron. Luego siguió mamá y Américo y Lidia. Qué podía hacer si era el menor. Me abalancé sobre la cabeza del que parecía el jefe, le quité el pasamontañas y… vi tu rostro. Esa tu cicatriz en la cara nunca la olvidé.
Mamá, Américo, Lidio… tronaron tres balazos en el patio en medio de los viejos olivos, y dejaron de gritar. Sólo recuerdo el grito de papá, tres rostros rojos y seis ojos tiesos y yertos al pavor. ¿Acaso no recuerdas lo que pasó aquella noche, amigo Leo? Al día siguiente estaba estuporado, aquellos recuerdos recalcitrantes me sobrecogieron. Ver a toda mi familia colgada de la sombra de los olivos. Nunca lo olvidaré. Tu cabeza pide sangre también, tu cicatriz pide que la abra.
“¡No!, tu padre vive, él no ha muerto por dios”, te suplicó cobardemente y tú le contestaste: No, no, Leo, esa mañana un tumulto rodeaba la playa, escandalizados, mirando tumefactos la trágica escena. Corrí, corrí hacia la playa, brinqué el puquio, por entre los carrizos crucé. Rodil, mi perro, aullaba frente a un cuerpo varado por el mar. Su rostro curtido por la sal y los golpes, lo vi, Leo, le faltaban los dedos y estaba muerto, murió con los ojos abiertos viendo tu cara de mierda como yo la estoy mirando y aborreciendo.Cuando terminaste tu relato, Salinas lloraba, clamaba por su vida. Tú le eras indiferente. Te pusiste de pie, consultaste tu reloj: 3 de la madrugada, y continuaban sonando las bombardas, y la orquesta tocaba en el caserón, lejos, día de San Pedro: “Nadie oirá tu voz cuando te mate, Leo”, le dijiste; pero Leo no estaba. Corrió espantado por entre los matorrales, ya era casi un anciano, y al instante lo cogiste del brazo. Salinas pedía auxilio; safó de ti y llegó hasta una huerta cubierta por huarangos, pero no le importó: la brincó y sin sentir las punzadas corrió por entre el parral, hasta que una bala en el muslo lo detuvo: era su fin, su inevitable fin. “¡Piedad, piedad!, te daré dinero, todo lo que tú quieras”. Esas palabras resbalaron por tus oídos y se posaron en la punta de tu rencor.
Lo condujiste hasta la playa. Ataste a sus pies y manos dos enorme piedras haciendo que las cargue. Lo obligaste a meterse en el agua. Allí, a pesar de sus gemidos, de sus gritos, le diste un balazo en la otra pierna. Se hundió y su cuerpo debe seguir allí, atollado en el fondo del mar.
La viuda de Pantoja, el negro Farfán y el ciego Sánchez te abrazaron. Bebieron toda la noche celebrando el suceso. Te incorporaste a la fiesta como si nada hubiese ocurrido. Bailaste hasta el amanecer.
De regreso a casa, Rodil te recibió alegre, meneando la cola. Entraste a casa y destapaste la buhardilla para mirar las espinas de huarango que te incomodaban el talón.
Ahora estás en ese mismo cuarto y las ánimas de tu papá, de tu mamá, de Américo y de Lidio se han calmado. Ahora el rostro putrefacto de Salinas te asedia, te llama en cada sueño y en cada somnolencia.
Por lo menos un responso para él, Angelito. Todos lo merecemos.
Al día siguiente temerariamente saliste del caserío, fuiste al bar de la ciudad, bebiste a su nombre, acariciaste las piernas de la misma puta y besaste los senos de la misma otra. Pero hiciste mal. La policía y el ejército vigilaban el lugar. Y fue el barman quien te reconoció. “Ése fue el taxista que lo llevó”, te delató. No te quedó de otra: huiste a toda carrera en la noche, robando una motocicleta. Subiste el Alto Larán, la ciudad de los cerros, igual que tu terruño. Conocías el lugar más que nadie.
Los verdes corrían tras tuyo, te escabulliste en una casa fingiendo ser de la familia. “No jefecitos, es mi hijo que recién ha llegado de Cañete”, te salvó el negro Farfán. Pero el cuento duró poco, al rato volvieron, pero tú ya había huido a las cumbres del Alto Larán. Entraste en una tienda-bar. Mamá, papá, Américo y Lidio comían y bebían festejando tu hazaña. Festejaste y celebraste con ellos hasta embriagarte. Salinas también brindó: “La vida es mejor por estos lares, Angelito, fuera dolor, fuera culpa. Te esperamos”. La incertidumbre hizo mella en tu conciencia, pero continuaste huyendo hasta que se acabaron las casas. Sólo sequedad y molle quedó. Pensaste un momento en tu tierra. Allí permaneciste una semana sin comer ni beber pensando en lo que te habían dicho: “la vida es mejor aquí. Te esperamos”. Te sentías como en casa, rodeado de cerros y molles bajo el cielo azul de tinte serrano.
De no ser por una espina que se te clavó en el talón no hubieras despertado de tu letargo. Regresaste al amanecer, bajaste el Alto Larán cuidándote de verdes. Cogiste un taxi y regresaste al caserío. Entraste al cuarto y te sentaste oyendo el mar. De nuevo las ideas revoloteaban en tu mente, te venció el sopor y caíste al suelo arenoso. Recuerdo que decías despacio, pobre de juicio: “Quiero descansar”.
Habías caminado tanto buscando la anhelada venganza que cuando la conseguiste acabó tu vida. Tus ojos hinchados de aguas diáfanas no reían más. Sin embargo pasabas momentos de sosiego y esos tus males desaforados calmaban un instante y tenías un momento de paz y lucidez.
Una mañana amaneciste con la idea de construir una balsa para hacerte a la mar. Hubo un momento crítico en que esa truculenta obsesión te acabó tanto que no podías ni dormir. Te levantabas en plena noche caminado hacia el río seco cerca al mar construyendo tu balsa a base de troncos de guayaquil. Pero aquella espina en el talón a veces te devolvía el juicio y caminabas sereno; tanto así que recordaba al hermano con quien jugaba a la rueda y a los camioncitos de cabuya.
Un día me sorprendió tu serenidad y calma que no me atreví a impedirte que continuaras con la construcción de tu barquito. Estaba resuelto: “Esta tarde parto, Andrés”, dijiste calmadamente. Sólo atiné a mirarte.
Lo hubiera impedido de no ser por tu actitud: no llorabas, no enloquecías, estabas calmo como la mar en luna llena, como la noche en que comprendí, después de tantos años de ausencia, lejos de casa, la razón de tu venganza; y supe antes que la lechuza chillara, que esa tarde era nuestra despedida. Tus ojos pétreos, todavía se me reflejan en las aceitunas que acompañan a mi pan.
Eran las cinco de la tarde y, sonrientemente, me dijiste que me comiera tu almuerzo porque tú irías un rato a pescar mojarrilllas para la cena.
No te detuve a pesar de saber a dónde ibas verdaderamente. Sólo sentí un gran nudo en la garganta cuando mis ojos se inundaron y tomándote del hombro te abracé tratando de recuperar los años que te abandoné a tu suerte.
Te seguí sigilosamente. Llegaste hacia la boca del Río Seco, el mar embravecía, y tronaban las olas como queriendo tragarse tanta desesperanza. Rodil, tu perro fiel, aullaba por ti, se acercaba rozando su cabeza para impedir esa locura. Sólo lo miraste, viste sus ojos brillosos y te embarcaste atado de pies y manos, viendo el cielo que empezaba a nublarse.
De pronto, frente al horizonte unas nubes negras se aproximaron hacia la costa y el cielo adquirió un color de mar enfermo. Unas gotas gruesas levantaron polvo.
Te noté más rejuvenecido en ese instante, primer día de invierno, 23 de diciembre de 1987. Gota a gota el polvo fue convirtiéndose en lodo. El río empezó a llenarse de aguas sucias. Nos miramos a los ojos, sueño contra realidad. Quise correr para impedir tanta estupidez, pero ya las aguas fluviales bordeaban todo el contorno del río, viéndome en un margen, con Rodil a mi costado.
La balsa fue arrastrada poco a poco hasta que fue tragada por el mar, contigo dentro.
Se marchó mi último hermano, con la tarde, a las 6:33 p.m.
Cuando la lluvia cesó, Rodil y yo dimos la vuelta y regresamos a casa. No sé cómo murió papá, ni mamá, ni Lidio, ni Américo, pero imagino que debió ser para el olvido o la eternidad; sólo así se justifica que Ángel decidiera vengarse a pesar de su repulsión a la violencia. Se fue mi único y último hermano.
Ahora estamos Rodil y yo, bajo la manta de la tarde y la sombra de los olivares, cuidándonos las espaldas, hasta que el mar devore nuestros violentos ríos caudales y nuestras aguas vuelvan a encontrarse en otra dimensión extraña.
miércoles, 19 de mayo de 2010
LA VIOLENCIA DEL PAN
(Gloria Dávila Espinoza, Huánuco)
…me pesa haber tomádote tu pan; (...)
César Vallejo
me pesa el pan,
me pesa tanto que intento huir de él.
ha puesto cadena en portales
y su voz es verdugo eterno.
son sus ojos, inmensas guadañas
y sus manos un látigo frío.
es su piel una daga filosa
de la que apenas me logro zafar.
me pesa el pan,
tanto que mi cuerpo; es polvo otra vez.
DE: “DANZA DE LA NOCHE”
…me pesa haber tomádote tu pan; (...)
César Vallejo
me pesa el pan,
me pesa tanto que intento huir de él.
ha puesto cadena en portales
y su voz es verdugo eterno.
son sus ojos, inmensas guadañas
y sus manos un látigo frío.
es su piel una daga filosa
de la que apenas me logro zafar.
me pesa el pan,
tanto que mi cuerpo; es polvo otra vez.
DE: “DANZA DE LA NOCHE”
sábado, 15 de mayo de 2010
RÍEN LOS CAMINOS
(Isella Carrera Lamadrid, Piura) *
Si allá no hay aves en los caminos
y todo te lleva a ninguna parte
quédate con el silencio que tú mismo inventaste
quédate con los años y los lamentos
cuando todo se aleje, incluso mi sombra
el camino te mirará a los ojos
se reirá en las noches contando las estrellas
se reirá de aquellos cobardes
que solo escriben y sueñan
y ningún precipicio lejano virará los sueños otra vez.
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Toda la magia sánscrita
de las líneas de tus manos
me convierte en un ave de época
noctámbula, hiriente
golpes, solo golpes entre éstas cuatro paredes
y las ausencias nunca se equivocan
¿es posible volver a tener otra vida?
borrar esos besos, el peso de los labios
Cómo poder arrancar las sensaciones
como si fueran una flor
pétalo a pétalo
dolor con dolor
con la fragilidad con la que carece el largo infinito
¿cómo rogar que te quedes?Si allá no hay aves en los caminos
y todo te lleva a ninguna parte
quédate con el silencio que tú mismo inventaste
quédate con los años y los lamentos
cuando todo se aleje, incluso mi sombra
el camino te mirará a los ojos
se reirá en las noches contando las estrellas
se reirá de aquellos cobardes
que solo escriben y sueñan
que se remuerden tras las sabanas congeladas
pero solo seremos una partitura en la mitad del mismo caminoy ningún precipicio lejano virará los sueños otra vez.
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* Esta destacada poetisa embajadora del arte literario. Nació el 29 de Julio de 1986 en la Región Piura. Por su brillante estilo y calidad en su poesía se lo nombra Embajadora y Presidenta de la Asociación de Poetas Nacionales y Extranjeros “El Parnaso de Apolo” Filial – Piura.De Profesión Artista Plástica.En cuanto a su cotidiana trayectoria, en el 2004, catalogada por el grupo Vanguardia Artística. Incluida en el 2006 en la muestra poética del 2000, entre los 19 poetas jóvenes más sobresalientes del Perú.
Seleccionada en la exposición de Arte Digital en el centro Pablo de la Torriente Brau en La Habana – Cuba. Miembro del Grupo Literario “Caminos” de Ecuador – filial Perú. Exposición Binacional de Artes Plásticas en Loja – Ecuador. Colaboradora en la sección cultural - newsperuvian.com. Miembro del portal “Poetas del Mundo” .En cuanto a su producción literaria publica en el 2005. “Conversaciones en tinta con Don Quijote de la Mancha”. y el Poemario Detrás de este cielo (2009). Actualmente reside en República Dominicana y está próxima a lanzar su nuevo libro Sueños Bioceánicos.
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