viernes, 18 de octubre de 2013

LEER POR GUSTO: CUANDO EL LIBRO DEJA DE SER TU ENEMIGO



Por: Elmer Arana Mesías


Hace unas semanas, una noticia pasó inadvertida, cómo todas aquellas que no están vinculadas al escándalo o al tremendismo. Y es que, en una comunidad campesina de la sierra ayacuchana, una maestra, Luisa Mendoza Dávalos,  recibía una mención honrosa por fomentar la lectura en su institución educativa. Una práctica innovadora que la desarrolla desde el 2010.

Leer no es una gran virtud de nuestros estudiantes, y tampoco lo es en los docentes. Y si este es un mal nacional que afecta a las grandes instituciones educativas, también y con mayor fuerza a una modesta institución rural del distrito de Vinchos. Por eso, la profesora Luisa Mendoza, partiendo de la premisa de que la lectura deber realizarse «Por gusto» y no imponerse, formuló un proyecto para motivarla no solo en los estudiantes de su institución, sino también en los padres de familia y profesores. Tocó muchas puertas, y así logró que Promolibro, institución del Ministerio de Educación (ahora perteneciente al Ministerio de Cultura) apoyara este proyecto con la donación de textos de diversa índole: cuentos, novelas, poesías, leyendas, fábulas, deportes, ciencia, historieta, biografías.
Así en junio de 2010, con una especie de biblioteca móvil, se instaló el programa en horas del recreo en la Institución Educativa «Haya de la Torre» del distrito de Vinchos. El reto era grande: que los alumnos «desaprovecharan» su recreo por darse el gusto de leer. Los alumnos se acercaban tímidamente, los primeros días, luego, en tropel, a separar el libro que leerían durante esa mañana. «No se trataba de imponerle a los alumnos una lectura u otra, sino que ellos mismos seleccionaran el libro que deseaban leer de acuerdo con su interés», refiere la profesora.
El interés fue tanto, que el módulo de lectura se trasladó los fines de semana a la losa deportiva de la comunidad para invitar a los asistentes a disfrutar de ella. Para eso, los alumnos del municipio escolar se encargaban de instalar la biblioteca los fines de semana. Así, la profesora no perdió tiempo para mudarse, con los libros a cuestas, a ferias comunales, actividades sociales, desfiles, y toda actividad donde haya concurrencia masiva.
Ya son cuatro años que esa institución viene trabajando este proyecto. Por eso este año fue reconocida por la Derrama Magisterial y la Cámara Peruana del Libro (CPL) en el I Concurso Nacional para Profesores «Mi experiencia en el fomento del hábito de la lectura», en la que obtuvo la mención honrosa.
De todos los vicios del mundo el único permitido es de la lectura. Si está iniciativa se replica en otros lugares bien podríamos ir superando el sótano en el que se encuentra el Perú en materia de comprensión lectora.

En la edición de octubre de la revista CON SENTIDO

sábado, 21 de septiembre de 2013

LOS DEMONIOS DE JOSÉ MARÍA ARGUEDAS



La escritora huanuqueña Gloria Dávila Espinoza estuvo en Ayacucho en el mes de octubre de 2012 presentando su libro cuentos «La casa del demonio» inspirado en los pasajes más difíciles de la vida de José María Arguedas.


«Hay escritores que a uno lo hacen gozar, pero con Arguedas uno cambia, cambia para siempre» ha dicho con justicia, César Hildebrandt quien considera a José María Arguedas como el mayor escritor de todos los tiempos, por encima de Mario Vargas Llosa a quien le reserva el título de ser el mayor escritor vivo del país. Ha manifestado, además (Hildebrandt), que su mirada del Perú era distinta antes de leer a Arguedas: «Arguedas se mató un día de 1967 con un tiro en la sien, y siempre dijimos por qué y nunca pudimos responder. Y eso es uno de los grandes dramas del Perú».

Arguedas encontró un Perú de todas las sangres, pero todas las sangres encontradas (como afirma el periodista y amigo personal de Arguedas Francisco Igartua), un país sin posibilidad de conjunción. El saberse parte de nada; no ser ni indio, ni blanco, saberse incapaz de cambiar esa realidad, precipitaron su muerte. Con Arguedas muere no solo el escritor, muere un país; una posibilidad de coexistencia en una nación diversa y dispersa.

Lo que digo no es todo, hasta ahora no se conoce exactamente qué motivó a Arguedas a quitarse la vida. Muchos sostienen que los traumas de su infancia determinaron su propensión a la depresión y la muerte. O quizá fueron otros «demonios» que lo impulsaron a tomar tal determinación.


Se ha escrito mucho sobre la vida de Arguedas. Lo han hecho sus biógrafos, los psicoanalistas… Gloria Dávila Espinoza, también; pero desde una mirada literaria. Ella nos ofrece una visión de lo que fue el trajinar de vida de Arguedas, sobre todo de su infancia. Lo hace a través del libro de cuentos «La casa del demonio» («Sajra Wayín» subtítulo quechua) desde una visión multidimensional porque los cuentos abordan la vida de Arguedas no solo literaria ni biográficamente, sino también sustentándose en la mitología y cosmovisión andinas.



LA MADRASTRA… LA DEMONIA
Es raro el comportamiento de esta mujer, porque cuando mi padre estaba en casa y nosotros le pedíamos que nos diera el mejor de los manjares, esta de inmediato los preparaba. Pero en cuanto mi padre se iba (a la chacra o la estancia) aquella se transformaba en lo que realmente era: una verdadera Achkay (p. 24).

En el libro se narran sucesos que hallan su correlato en episodios de la vida de Arguedas. Por ejemplo se encuentran personajes como Grimalda y Pablo, que corresponderían a Grimanesa Arangoitia (madrastra de José María) y Pablo Pacheco (hijo de está) respectivamente; asimismo Gabriel, alter ego del Arguedas niño. Cito algunos ejemplos.
En el cuento La verdadera Achkay se menciona:

Todo el tiempo que mi padre estuvo ausente sufrí mucho y comí poco. Solo en mis sueños era inmensamente feliz, si veía a mi madre, mucho más. Pero no era cierto, porque mi madre estaba lejos, muy lejos (p. 25).

Los cotidianos ires y venires de mi padre, me están ahogando. Ninguna amenaza podría ser mayor que estar al cuidado de la Achkay (p. 26).

Obviamente ese personaje corresponde a Grimanesa Arangoitia, de quien Arguedas tenía el peor de los recuerdos. En el Primer Encuentro de Narradores Peruanos, certamen celebrado en Arequipa, el año 1965, hace varias confesiones como esta:
(…) yo era el menor y como era muy pequeño me dejó [su padre] en la casa de mi madrastra, que era dueña de la mitad de un pueblo; tenía mucha servidumbre indígena y el tradicional menosprecio e ignorancia de lo que era un indio, y como a mí me tenía tanto desprecio y tanto rencor como a los indios, decidió que yo debía vivir con ellos en la cocina, comer y dormir allí. (…) Así viví muchos años. Cuando mi padre venía a la capital del distrito, entonces era subido al comedor, se me limpiaba un poco la ropa, pasaba el domingo, mi padre volvía a la capital de la provincia y yo a la batea, a los piojos de los indios.


UN VIEJO PROBLEMA
El libro trata también el tema de la opresión de los hacendados hacia los campesinos, temática del indigenismo que ha sido tratada por muchos escritores. Este tópico, que en palabras de Manuel González Prada, correspondería a uno de los elementos de la clásica Trinidad Embrutecedora del Indio (cura, juez y hacendado), a despecho de algunos críticos, no se encuentra gastado, porque el indigenismo, el problema del indio en la literatura, en palabras de Mariátegui, no es un asunto de moda literaria. Este problema seguirá abordándose en la medida que el problema persista.

Al igual que los exponentes del neoindigenismo (caso de Manuel Scorza), ante las injusticias sin solución se propone la disolución del mundo real para dar paso al mundo mítico donde el ajusticiamiento y las esperanzas de reivindicación corren por cuenta de los Jirkas.

Por ejemplo, cuando Pablo (potentado y hacendado) azota a Anatasio Rumisoncco acusándolo de abigeato, la esposa del inculpado (Ernestina Omonte) espera que las divinidades andinas sancionen y castiguen al opresor:

Deja de pegarlo, él no ha robado. Su sangre caerá en la tierra y la mama pacha te cobrará caro (…) Si no me oyes hasta el jirka con sus dientes te comerá. Ahora mismo iré a contárselo todo, con su viento te llevará hasta acabarte en el río Huashpay, ni el zorro te hallará (pp. 56-57).

La sublevación no es manifestada como acto heroico de un pueblo sino como una acción individual de quien (en este caso Anastacio Rumisoncco) instigado por los pobladores ven en él al que debe encarnar el acto reivindicativo. Resulta curioso observar cómo un solo hombre puede oprimir a todo un pueblo y como uno solo puede liberarlo.


LA REALIDAD Y EL MITO
La animización o humanización de elementos de la naturaleza (el viento, el río, el abismo) no son gratuitas. Esto no obedece a una visión fantástica sino que se nutre de la visión andina que de por sí es mítica y en cuyo misticismo está impregnada la realidad. Scorza al respecto de sus obras, cuando era comparado con García Márquez manifestaba que si bien ambos nutren sus obras en el misticismo, García Márquez lo hacía sobre la base de la realidad, mientras que él hurgaba la realidad a través del mito. En otras palabras que sus obras no eran mágicas porque dentro del universo andino lo mágico es en sí la realidad.
Los mejores cuentos de Gloria Dávila son aquellos donde lo inesperado y lo mágico, sin dejar de ser verosímiles, anulan la lógica del lector, la descalabran; tal es el caso de Mishquiyacu y el violín abadonado, Torito de oro, La mandolina embrujada.

Mucho se podría decir del libro de Gloria Dávila. Quiero sinterizar lo dicho expresando que este libro, más allá de sus virtudes literarias, tiene un valor testimonial, porque nos conduce a comprender el peregrinaje de unos de los pensadores más importantes del Perú, quizá aún incomprendido, quizá solo aceptado en el papel, en la retórica, en el verbo. Porque, a más de cuatro décadas de su muerte, el Perú no ha cambiado totalmente, la discriminación y la violencia vividas por Arguedas solo se han puesto una careta de legalidad. Los zurriagos de Pablo Pacheco aún resuenan, camuflados en metrallas y bombas lacrimógenas, en los pueblos olvidados del ande; los indígenas con los cuales el niño José María se confundía, ahora pululan en las grandes ciudades, inundan los Super Mercados, toman el microbús, van a la escuela. Ya no son los «indios» a los que Grimanesa, mandaba a comer en una tina. Ya no son esos «indios» a quienes su madrastra trababa con desdén. El tono despectivo de «indio» se ha morigerado. Sin embargo bajo los eufemismos de «cholo», «campesino», «serrano» los parientes de Arguedas siguen siendo desterrados de una patria que alguna vez fue suya, siguen siendo excluidos por quienes olvidan que la identidad no te la asigna el color de la piel, ni el acento de tu voz; la identidad es sobre todo sentido de pertenencia a un lugar, a un espacio, y mal que les pese a algunos, a este país pertenecemos todos los hombres, todas las creencias, todos los colores, todas las sangres.

Por ello, el valor de «La casa del demonio» porque a través de él nos introducimos en la etapa más dura José María, quizá la etapa que años después lo empujarían a apretar el gatillo y a oscurecer un futuro que aún sigue siendo incierto.

Publicado en la Revista Con sentido
http://revistaconsentido.blogspot.com/

lunes, 2 de septiembre de 2013

HILDEBRANDO Y LUCANAMARCA: EL FÁCIL EJERCICIO DE SINDICAR (*)


       Por: Elmer Arana Mesías 


El pasado 10 de julio se presentó en nuestra ciudad «La verdad y la memoria: controversias en la imagen de Hildebrando Pérez Huarancca», un ensayo del crítico literario e investigador norteamericano Mark R. Cox, cuyo objetivo es aclarar los rumores y las acusaciones de la CVR sobre la responsabilidad de Hildebrando en la masacre de Lucanamarca.



Hildebrando Pérez Huarancca es uno de los representantes mayores de la narrativa ayacuchana. Su único libro de relatos, «Los Ilegítimos», con el que se hiciera merecedor del premio José María Arguedas en 1975, le valió el reconocimiento de la crítica literaria peruana. Sin embargo, su faceta creadora ha sido opacada por su militancia en el PCP Sendero Luminoso. La Comisión de la Verdad y Reconciliación lo acusó de dirigir la masacre de Lucanamarca.
En enero de 1982, Hildebrando y su esposa Teófila Vallejo fueron detenidos en su domicilio por las fuerzas policiales, junto con otros dos amigos acusados de pertenecer a Sendero Luminoso. Se afirma que su vínculo con el grupo subversivo se inicia en esas circunstancias, casi por presión. Cuando se produjo el asalto al Centro de Reclusión y Adapción Social (CRAS Ayacucho), el 2 de marzo de 1982, la orden de libertad a favor de Hildebrando ya se encontraba en marcha; sin embargo, el entrampamiento burocrático demoró la ejecución. Hildebrando y otros miembros senderistas huyeron del recinto penitenciario. A partir de ese instante pasaría a la clandestinidad.
El 3 de abril de 1983, se produjo la masacre de Lucanamarca. La CVR ha señalado como responsable de dirigir esta operación a Hildebrando Pérez Huarancca. Mark R. Cox, en su libro, cuestiona las acusaciones hechas por la CVR a señalar que tales imputaciones se hicieron sobre base de la manifestación de un solo testigo, Teófanes Allccahuamán Vílchez, que ni siquiera estuvo en el lugar de los hechos y cuya descripción del acusado data de un año antes de la masacre.
Rómulo Misaico Evanan, también fue acusado de participar en dicho atentando y llevado a juicio. Las imputaciones hechas a Misaico también se sostuvieron en la manifestación de Allccahuamán. Finalmente fue absuelto por falta de pruebas. Mientras, la imagen de Hildebrando, de quien se dice que murió en un enfrentamiento con las fuerzas del orden, sigue vinculándose con Lucanamarca y empañando su literatura.

De dónde nace tu interés por el caso Hildebrando Pérez Huarancca.
Hacía una investigación sobre la narrativa neoindigenista para mi tesis doctoral y encontré su colección de cuentos, “Los ilegítimos”.  Me gustó el libro e incluí un análisis de la obra en mi tesis.  Luego me enteré de la diversidad de historias sobre sus actividades subversivas.

Cuál es propósito fundamental de tu libro.
Hildebrando Pérez Huarancca ni lideró ni estuvo presente en la masacre de Lucanamarca. 

¿Crees que la vinculación de Hildebrando con el caso Lucanamarca ha opacado su narrativa?
No hay duda.  El escribió los cuentos antes de 1975 y para proyectarlos a un futuro que nadie predecía es muy forzado.  Otros simplemente no los leen por su reputación.

Tú libro cuestiona el informe de la CVR sobre la matanza en Lucanamarca, ¿crees que el conjunto de informe está plagada de errores e inexactitudes?
La CVR tuvo que intentar cumplir una misión imposible y creo que hicieron el mejor trabajo que pudieron, y en cualquier obra tan inmensa y amplia es casi seguro que habrá errores.  Creo que el informe es muy bueno en muchos respetos.  En el caso de la CVR e Hildebrando Pérez Huarancca hay muchísimos errores y problemas.

En tu libro mencionas que la CVR basó sus inculpaciones a Hildebrando en solo un testimonio. En todo caso, cuál sería el interés de la CVR al acusar a Hildebrando Pérez.
No sé cuáles serían sus motivaciones.

¿Has podido recoger el testimonio de la esposa de Hildebrando? Cuál ha sido la reacción de la familia respecto de tu libro.
Al igual que todas las familias con seres queridos involucrados de alguna manera en la guerra, han sufrido mucho.  He hablado una vez con su esposa, y hablamos de varios temas, pero no le pedí detalles porque no pensaba que era apropiado en ese momento.  Creo que la reacción de la familia es una mezcla de tristeza al recordar todos sus momentos dolorosos y de satisfacción al aparecer un libro que analiza las acusaciones contra Hildebrando Pérez Huarancca.

Hildebrando se ha convertido en casi un mito entre los ayacuchanos. Ha crecido el interés por su  obra. ¿Consideras que ello se debe a cuestiones estrictamente literarias o su vida política ha contribuido a incrementar este interés?
Sin duda, su vida política tiene una influencia.  Sin embargo, él se incluye en por lo menos nueve antologías por críticos literarios conocidos y respetados como Manuel Baquerizo, Antonio Cornejo Polar, Ricardo González-Vigil, y Roberto Reyes-Tarazona.  Su obra literaria vale por sí misma.

Cuando ocurrió el ataque al CRAS (Centro de Reclusión y Adaptación Social) el 2 de marzo de 1982 ya la orden de libertad a Hildebrando Pérez Huarancca estaba dada; entonces por qué habría decidido fugarse y no esperar a que se concrete su liberación.
Es lo que muchos nos preguntamos.

«Los ilegítimos» es el único libro que se le conoce e a Hildebrando. ¿Conoces de algún otro trabajo que tenga inédito?
He oído de una novela y hasta cuentos y poemas.  Si existen, ojalá que alguien los publique.

Actualmente cuál es valor de «Los ilegítimos» dentro de la narrativa peruana.
Es uno de los escritores principales de la narrativa neoindigenista peruana.  Críticos reconocidos como Tomás Escajadillo, James Higgins y Silvia Nagy al igual que a la joven crítica Alexandra Hibbett y otros han escrito sobre su obra.

¿Qué otros proyectos académicos tienes pendientes? ¿Vas a continuar realizando investigaciones relacionados a los Derechos Humanos?
Soy crítico literario y prefiero leer cuentos y novelas en vez de documentos legales.  No preveo otro proyecto de este tipo a menos que sea para actualizar la información acerca de Hildebrando Pérez Huarancca.  Creo que mis próximos proyectos serán un estudio sobre las fuerzas del orden y la narrativa  en la guerra interna, y una antología de cuentos acerca de la guerra.

(*) Entrevista publicada en la edición de agosto de la revista CON SENTIDO

lunes, 9 de julio de 2012

LA VERDAD Y LA MEMORIA: Controversias en la imagen de Hildebrando Pérez Huarancca



Hildebrando Pérez Huarancca es casi un mito, más que por su valioso aporte a la narrativa andina con «Los ilegítimos», por el final trágico y lleno de especulaciones que encubrió sus últimos días como militante de Partido Comunista del Perú Sendero Luminoso.

La Comisión de la Verdad y Reconciliación lo acusó de encabezar la matanza en Lucanamarca del 3 de abril de 1983. Luego de ese hecho luctuoso se le perdió el rastro. Muchos aseguran que murió en un enfrentamiento en 1984, otros afirman que vive en París desde 1992. Lo cierto es que la acusación hecha por la CVR y el gobierno obedece a la mera sindicación de un solo testigo que ni siquiera estuvo en el lugar de los hechos: «Es increíble que la CVR y el gobierno hayan acusado a Hildebrando Pérez Huarancca de encabezar la masacre basados solo en el testimonio de un hombre que ni se encontraba en Lucanamarca ese día». (Mark R. Cox, p.7)

Mark R. Cox, ha publicado el libro “LA VERDAD Y LA MEMORIA: Controversias en la imagen de Hildebrando Pérez Huarancca” que pretende aclarar tales acusaciones:

«Este estudio es un esfuerzo por analizar las acusaciones y rumores acerca de Hildebrando Pérez Huarancca. Sin duda, hay personas que conocen mayores detalles de su vida y su muerte, y espero que este libro sirva para convencerlos de dar sus testimonios. No niego su afiliación al PCP-SL, pero sí creo que no hay pruebas contundentes de su participación en la masacre de Lucanamarca». (Mark R. Cox)

Este libro, por demás complejo y polémico se presentará el martes 10 de julio a las 6:00 p.m. en el Centro Cultural de la UNSCH. Los comentarios estarán a cargo de Marcial Molina Richter y Luis Ledesma Estrada.

Esperemos que esta publicación dé luces más series sobre este aspecto que ha opacado y cubierto en un manto de especulación la trayectoria de quien pudo haberse convertido en el mayor narrador andino, después de Arguedas.

miércoles, 9 de mayo de 2012

UN ACERCAMIENTO A LA POÉTICA MARGINAL DE ELMER ARANA




                                                                                                        Por: Víctor Salazar





En un libro titulado “El cine de la marginalidad”, Christian León, demostraba que es a partir de la década del 60, y sobre todo en América Latina, que se comienza a hablar del tema de la marginalidad o de las poblaciones marginales, indicando “a un sector tradicional, sin empleo estable ni ingresos suficientes, necesitado de la gestión del Estado para integrase en la sociedad moderna”. Más adelante concluirá que dicha población es el contrario de términos como sociedad o institución o racionalidad. Como se podrá evidenciar, el término tuvo desde siempre un tono excluyente proveniente del imaginario de los estratos hegemónicos  logrando así perennizar sus concepciones rayanas con el descarte, la dependencia y la excedencia. Hoy, en pleno siglo XXI, el término, al menos en el Perú, ha tomado nuevas direcciones que la complementan y estructuran, dándole una dinámica propia, una música característica y un color local con sabor a chicha y technocumbia.

En “Diario de los suburbios” (Editorial Pasacalle, 2010), Elmer Arana, se apropia de estos elementos, y siguiendo una fórmula ribeyriana, presta su voz a quienes la han perdido por los constantes espaldarazos del sistema. A través de Arana, los personajes de los bajos fondos, cobran vida y se revelan a través de todo el libro ante las ideas preconcebidas de los otros. Es en este poemario donde sus personajes, arrebatados a la cotidianidad, pasando por el niño que delinque hasta el adulto que sucumbe ante el alcohol, filosofan sobre esa pesadilla de vida que les ha tocado vivir y lanzan sus alegatos, no carente de esperanza, exigiendo esa realidad que su humanidad merece. Cabe señalar, que en este poemario, lo marginal no se desprende unilateralmente, sino que evidencian la indiferencia y la indolencia del hombre actual como las peores miserias humanas. Este poemario, por tanto, no es un cuadro de deleite artístico, donde el autor se regodea con beneplácito, sino que asume un rol como escritor con suma criticidad alegórica.
En Umbrales de la Insania, primer poema del libro, por ejemplo, el yo poético de Arana se traslada amargamente hasta los límites de su conciencia infantil, para mostrarnos un cuadro desolador, pero carente de todo dramatismo. Es más, el personaje niño, asume su realidad como un escenario inmerecido y por tanto, se revela ante él,  soñando con el día en que el mundo descubra su horrible rostro en el espejo.

Mi infancia fue una carretilla rodando por los mercados/ entre olor a tráfago y cebollas./ Si quieres saber de mí/ pregúntale a los domingos./ Si quieres saber de mí,/ deberás mirarte al espejo.

Si quieres saber de mi vida,/ vete a mirar al mar  —diría Martín Adán, como una manera de desligarse de la coyuntura existencial. Esto que soy es simplemente eso. Yo solo vivo, pareciera decirnos.
Como es evidente, el personaje de nuestra pequeña historia descubre su no pertenencia a estos suburbios, es más reclama una realidad que no sea la suya, confiando en que su circunstancia no es más que una cuestión coyuntural y la felicidad un motivo constante y pendular.
En “El escolar”, acaso uno de los mejores poemas del libro, el autor persigue a un niño que intenta una educación formal, pero que es ganada por una subcultura que lo lleva a delinquir, mostrándonos la debilidad del sistema educativo y los abismos existentes entre escuela y realidad. Aquí se presenta una lucha por la supervivencia, una lucha constante amenazadora entre la moral y la dignidad. Su lectura me recuerda la voz de Alberto Benavides en un epigrama diciéndonos: A los niños del Perú les digo: antes que mendigar, roben. Pero otro es el decir de Arana:

Yo soy el escolar desharrapado,/ a quien no deben imitar los niños buenos./ Si me vieran por las noches tirando de su cartera,/ deberán entenderme;/ a mí la vida me debe un poco de cartera./ Si en cambio vieran sosegada mi pata de cabra/ tendrán que huir azorados/ porque ya no seré el ristrón que con mustios pastos se conforme.

En una conversación previa a este encuentro, allá en las alturas de Lircay, en Huancavelica, Elmer Arana contaba que algunos de los poemas de este libro habían sido vivenciados,  curiosamente por ese profundo sentimiento de complicidad hacia lo humano y esa rara fascinación por el realismo crudo. Prueba de ello, es el poema El hombre de las alturas, donde el poeta asume el rol de interlocutor para que el criminal de la historia pueda descargar toda su riqueza existencial.


Vivo aquí en las alturas,/ cubierto de silencio y arenal. (…) Abajo habitan los otros,/ con sus luces de neón,/ sus cementos pulidos y trajes que no conocen de esta arena. (…) Mas en las noches soy el rey. Mi imperio descansa entre la niebla. Y entonces desciendo al llano.

Aquí, el personaje real de nuestra historia poetiza su condición y nos la entrega enriquecida cual si fuera una invitación que nos permita prolongar nuestros propios reinos de la sabiduría y acercarnos por un momento hacia los caminos del exceso.

Nada puede detenerme/ cuando la noche me vomita a las avenidas/ como animal prehistórico./ Nada puede mutilarme/ cuando invado el pavimento.

Sin embargo, nuestro personaje reconoce que todo ello no es perenne, que existe el límite, una luz enemiga de los sueños que nos ha de frenar:

Entonces, el sol, enemigo de los sueños,/ vuelve a anularme,/ a desvestirme en el asfalto/ y no tengo más remedio que regresar,/ volver a mis cerros,/ a esconderme en la neblina.

Al final de cuentas, en el sueño o en la vigilia, no somos más que hombres. Como hemos podido advertir, Elmer Arana a lo largo del libro no fabula, ni mucho menos idea con su intelecto aspectos sin evidencia, es más que todo, en este libro, un fotógrafo de lo evidente, un poeta que, propone una lectura de la sociedad, aunque para ella tenga que prestar también su voz y su existencia. Sin embargo, Arana no es un pesimista sino todo lo contrario, ya que piensa, al igual que cualquier teórico estructuralista que esta situación podrá acabarse si las condiciones sociales imperantes también cambian. Por ello, muchos de sus personajes sonríen, porque la vida al final de cuentas es también eso: risa y llanto, un juego:

Yo sonrío/ el cielo es un gran fumadero que respira libertad,/ Aquí nada es distinto…/ todo sabe a estiércol.


Huancayo, mayo de 2012

CÉSAR PINEDA Y SU ARRIBO HACIA UNA POÉTICA VIOLENTA


Por: Víctor Salazar




Hablar de arte poética puede que sea un asunto consabido y por demás antiguo. Aproximaciones teóricas y/o retóricas de lo que debe ser un poema existe ya en la época de los antiguos romanos, para ser más exactos durante los años 20 a.C. Horacio, su mentor, a través de su Ars Poetica, se permitía explicar, desde ya, la seriedad del trabajo creativo y advertía algunos consejos para una mejor soltura en estos terrenos tan agrestes. Poetas de todos los tiempos, han sabido dejar sus considerandos sobre su quehacer poético o sobre su relación que mantienen con ella, dejando entrever lo que un poema es o puede llegar a ser desde su perspectiva artística o social.
Ya en pleno siglo XX, Vicente Huidobro, proclamaba al poeta como un pequeño Dios, un ser capaz de crear mundos inimaginables, un ilusionista, acaso un reformador cuya vigorosidad hallábase en la propia mente del poeta. En esa misma línea, Neruda, veintisiete años después, en 1958, en su poema “El hombre invisible”, menguaba esta idea señalando que el poeta no poseía ninguna superioridad, si es que alguna tenía, indicando, en todo caso, que ésta residía en el saber contemplar los derroteros del tiempo, para no caer en el hielo del mundo: En él decía:

 Yo no soy superior / a mi hermano” (…) Sólo yo no existo, yo soy el único / invisible.

En nuestro país, ha sido la voz de Martín Adán, quien ha intentado una concepción y/o acercamiento a lo que llamamos con tanta facilidad poesía. En su Escrito a ciegas afirma que: La  Poesía es,/ inagotable, incorregible, ínsita./ Es el río infinito/ Todo de sangre, / Todo de meandro, todo de ruina y arrastre de vivido...
En fin, mucho puede decirse sobre el respecto, ya que diversas son las concepciones del trabajo poético, su finalidad y su compromiso. En esta oportunidad es César Pineda Quilca quien, conciente o inconscientemente, también se ha atrevido a dejar constancia de su quehacer como poeta. En “El arribo de un éxtasis violento” (Toro de trapo editores, 2011), ópera prima de Pineda, muchas son las afirmaciones que de ella se derivan y aunque dispersas, creemos forman un corpus operandi, donde el yo poético se viste de mocedad y bisoñez, para poetizar sus alegatos desde el llano ante quienes se sienten dueños de la palabra, y que a manera de ejercicio, le sirve a nuestro poeta, para también postular sus concepciones literarias, las cuales hemos querido sintetizar en esta oportunidad
En un primer momento, Pineda se refiere a la actividad poética, como una descarga eléctrica, para señalar los efectos que ésta tiene en el yo cotidiano, acaso como una especie de revelación que nos compromete a salir de nuestra caverna y asumir cierta responsabilidad para con nuestra verdad recién llegada. En “Escribir el poema”, el poeta afirma:

Como quien recibe/ Una fuerte descarga eléctrica./ Así es el poema./ Terrible sacudón de un torbellino sin calma./ Manotazo de ahogado/ Después de un oleaje de nervios.

Pasada la conmoción, Pineda, comprende que este es solo el primer paso, el sacudón, como bien afirma, ya que luego queda la responsabilidad, la toma de verdadera conciencia ante la hoja en blanco. Y se pregunta intrigado quiénes serán aquellas personas que, entregadas a su verdad, se comprometan a hacerla extensiva a través de este ingrato oficio de la palabra, que aúlla sola en medio de un desierto de personas.

Quién de ustedes/ Podrá lanzarse/ Al poema/ Para terminar/ Clavado debajo de la tierra. (Incógnita 2)

                La pregunta es certera, si se tiene en cuenta que la poesía es una entidad que está presente en la totalidad de las cosas. Incluso en nosotros mismos, pero sabiendo ello, ¿quién debe asumirla? Pineda, la asume, y en su soledad lanza botellas al mar, entregando ciertas verdades, buscando complicidad, como lo demuestran los versos que siguen: 
Todo poema/ No es más que una sombra/ Que nos persigue a todas partes./
Una/ Puerta oculta./ A veces/ Nuestra única salida. (Penumbra)

                O en un ruego común, invoca a los hombres a lanzar su palabra como aquel que despide una piedra y rompe una ventana en plena calle, causando la conmoción del respetable, para luego huir.

Escribe,/ Hermano, escribe./ Si no lo haces pronto/ Nadie sabrá que has existido./ Hazlo / Pronto y desaparece.

O cuando señala la renovación del mundo a través de este inmenso diálogo que puede llegar a ser la palabra.

Cuando exista/ Un lector de poemas/ Se acabará el mundo y temblará de nuevo toda la tierra.

                    El poema como permanencia o salvación, esas son  las dos verdades a las que ha arribado Pineda en esta estancia del poemario. Y he aquí, tal vez, la tragedia o la gloria del poeta: encontrar los pasos que le permitan cruzar esa puerta. Se sabe solo y para ello, estira su mano como un mendigo, ante quienes puedan prodigarle nuevas verdades que le permitan seguir creando:

Leo un poema/ Y estiro / Mi mano / Como un mendigo. (S.O.S)

Aunque el camino de la creación pueda parecer desolador, la voz del poeta sabe que la verdadera alegría está en intentar la escarpada. Sin embargo, es imposible no expresar los arrebatos ante su primera caída. En No hay más que decir, el poeta concluye:

Ya no pienso escribir./ Por escribir uno se enferma./ Prefiero leer en este momento./
Y olvidarme de todo.  

Es cierto,  que todo ha sido dicho. Los grandes temas del mundo han sido explotados con maestría por muchos poetas antes que nosotros. Entonces, qué nos queda. ¿Seguir hurgando en nuestra realidad más cercana? ¿Seguir asumiendo que el poema sea la suma de nuestras partes? Rilke, invitaba a recurrir los motivos que cada día nos ofrece nuestra propia vida. Describir nuestras  tristezas y nuestros anhelos, nuestra fe en algo bello; dicho todo con íntima, callada y humilde sinceridad. Pues, para un espíritu creador, no podía existir la pobreza.
                En ese sentido, nuestro poeta asume su primera caída como una estancia de aprendizaje y madurez, una de muchas otras que seguirán sucediéndose en el camino. Mientras tanto, el poeta de nuestra historia sueña y declara con resuelta ironía a los cuatro vientos lo que espera de los días: Ser el dios de sus propios poemas.

                A VECES/  Me computo/ Dios de este poema.

Pineda, es cauto en cuanto a su palabra. Sabe que el camino elegido es arduo. Pero, recogiendo las pistas dispersas en “El arribo de un éxtasis violento”, podemos deducir que su arte poética señala que la poesía es: asombro, arrojo, salvación, diálogo perpetuo, unión, renovación, humildad, decepción y gloria. Este es el derrotero mostrado por el poeta. Una imposibilidad de configurarse victorioso, como diría Paolo Astorga en el colofón del libro. O más aún: una puerta oculta que invita a ser violentada por la palabra.


Lircay, mayo de 2012






lunes, 27 de febrero de 2012

CAYO SANTOS, poesía viva





Casa alquilada

Mi casa tiene la tristeza de un pescado
Que no pudo ser vendido
Porque  fue voluntario
En las redes de los pescadores

Mi casa tiene un jardín
Donde mean todas las mañanas
Los perros a la rosa amarilla
Que no pudo florecer
Por ser dueña de Antamina

Mi casa tiene la soledad de un poeta
Pegado en la pared
Mirando fijo a los ojos de una araña
Comiéndose una mosca
Esquina oculta del silencio

Mi casa tiene un techo
Con un agujero grande bien grande
Por donde se mete el cielo
No tenemos puertas
A donde vamos no salimos

Mi casa es un fumadero
Llamado país
Donde todo es ilusión
Si crees que la verdad no es droga
No eres de este mundo –paisano…
Mierda… aquí nada es real




Poema

Yo el pintor
El proxeneta de Santa Clara
Ladrón de campanas
Mediador de embajadas
He rapado con el pincel
Los cabellos y la barba del Nazareno
Y «oh» sorpresa era igual a mí
El ebrio de Siete Vueltas
Tú como yo
Tienes la cara magullada
la sonrisa herida
Y una que otra Magdalena por ahí
Señor
Escuché decirte «tengo sed»
Salud
Aunque no sean Las Bodas de Canaán
Ni este cáliz tu sangre
Pero igual beberemos
Tú por sacrificar tu nombre
Y yo por ser el ebrio de Siete Vuelta

(De Pueblo Joven, Poetas caminantes)

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Estudió Educación en la Universidad de San Cristóbal de Huamanga. Cayo Santos es uno de los poetas que creen en la poesía viva, por eso declama con la   intensidad de su voz, en calles, parques o en cuanto lugar se le antoje. Su poesía, sutilmente social e intimista logra amalgamar la sensibilidad de un pueblo que se ahoga en los avatares de la modernidad.